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Las sombras en mi mente

día en blanco

Agobio... con la vida, tanta espera, tanta búsqueda termina en la pasividad, en vivir sin sentir la vida. Nada hay por hacer, solamente esperar, esperar, esperar...
esperar.
A regañadientes con la vida, en una de éstas le daré la espalda, me enfrentaré a mi propio destino (y digo destino, pero no me refiero a una vida definida, me refiero a un patrón, a algo que ya existe de alguna manera, pero que aún no llega, y solamente es evitable tomando una actitud activa y marcando un rumbo propio) y me reiré de él, hasta que otra vez vuelva a atraparme. Sí, lo veo así, ahora entiendo por qué lo llaman "la fatalidad del destino", porque es como un agujero negro de el que no se si es posible escapar.
Empiezo a irme por las ramas, como siempre, pero bueno, es básicamente lo que hago cuando me pongo a escribir, y no me permito parar, así que la única manera de seguir es simplemente escribiendo lo que llega a mi cabeza.

Hoy es un gran día, un gran día de mierda, en el que he perdido mucho el tiempo gracias a mi oportunísimo dolor. Gracias, sea lo que sea que me lo ha provocado. Estudiar en verano está genial. Ojalá fuera capaz de agobiarme y de tomar conciencia de que perder el tiempo no lleva a ningún lugar.

Y escribía, solamente, porque lo estaba dejando y necesito tomar un hábito, de escribir lo que me de la real gana y la gente pueda leerlo, y que le guste, o no, pero yo, francamente, lo necesito, porque podría escribir todas estas cosas y guardármelas para mí, y aunque alguno pueda pensar que estoy loco por cómo cambio de tema, cómo digo lo que me viene a la cabeza, necesito saber que existe la posibilidad real de que alguien lo lea (y no sabía que realmente alguien pudiera tomar interés, como ha ocurrido). Íntimo o no, es lo que escribo y me ocupa una millonésima parte de mi tiempo y es una millonésima parte de lo que se me pasa por la cabeza.

Sin más, a la cama, a reparar el coco.

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