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Las sombras en mi mente

Historias propias

paraíso nocturno

En la llanura todo era tranquilidad. Los matorrales se balanceaban con el fresco viento nocturno, a la par que las altas hierbas. Ni un alma se alcanzaba a ver desde aquel cerezo coronado de esos hermosos pétalos que iban abandonando sus agitadas ramas de una manera caótica, pero a la vez ordenada. Las nubes dejaban entrever un firmamento oscuro, a través del cual parecía adivinarse el rincón más alejado del universo. La luna iluminaba éste pacífico paisaje, a veces tras las nubes, a veces asomada como si de una ventana se tratase. Desde aquel lugar parecía tomar forma la soledad más placentera y absoluta que cualquier mente pueda concebir. En ese sitio se sentía, como si nada pudiera romperla, la tranquilidad suficiente como para desear congelar el momento para vivir eternamente en él, y alimentarse de esa pureza.

Al alba todo acabó, pues la luz del sol no siempre significa un nuevo amanecer, pero ese lugar quedará guardado en la memoria, en el rincón más profundo donde será imposible para los demás recuerdos corromper su totalidad.

En el más profundo sueño

De quién es esa mirada que en sueños me persigue y me perfora la mente, dando lugar a los sentimientos más ocultos, las esperanzas más lejanas. Cuando llega la noche y mi mente está lejos de cualquier otra, me asalta y me provoca, haciéndome ansiar desde el primer momento la próxima vez. Al cerrar los ojos solo quedamos ella y yo, sabiendo que jamás nos encontraremos en esa otra realidad tangible donde nuestro encuentro no sería volátil. Ella va de blanco y lleva una simple y hermosa tiara que recorre su frente. Ningún calzado en sus hermosos pies. Nos encontramos bajo un cerezo que nunca para de llover pétalos como si un viento lo sacudiera. Sé con firmeza que existe, no es fruto de mi imaginación. Algo así jamás saldría de mi mente, simplemente, lo sé. Ella me dice que algún día nos veremos, nos encontraremos en el momento más inesperado. No hay señas, no hay vías que conecten algo más que nuestros pensamientos, cosa que me hace enfurecer, no puedo saber quién es.

Y así, noche tras noche, día tras día, mis esperanzas se desvanecen mientras mis ansias crecen igual de rápido.

Vivo por el día en que aparezcas, dulce dama de blanco.